El Libro Lacre, tomo III: la portada

Poco a poco. Esto va muy poco a poco… Finalizada la maqueta del texto, ahora le toca el turno a la portada.
220610 Portada MQSMF

¡Qué ganas de tenerlo en las manos!

Ahora mismo la portada está en fase de diseño pero el resultado final no puede ser muy distinto de esto que hoy os muestro. Hasta que me colé en este negocio, no podía imaginar la cantidad de opciones que hay. ¡Y hablo solo del texto de la portada! Tipo de letra, tamaño, color, sombra, situación, relieve, brillo… además del contenido, por supuesto. Es como ir a una hamburguesería en la que la carta tenga mil variedades para escoger.

Incluso en este caso, que me he buscado por mi cuenta las ilustraciones (para la portada y la contra), el proceso lleva su tiempo.

Podía haber usado la opción uno: la editorial me proporciona, después de unas ideas que yo les doy, el diseño inicial de la portada. Una vez aceptada la configuración de partida, luego ya se afinaría sobre eso, tras repetidas conversaciones (o correos electrónicos) sobre la cuestión.

O la opción dos: buscar yo mismo en bancos de imágenes en la red, hasta hallar las que encajasen con lo que yo hubiera concebido. Luego se las paso a la editorial, y ellos me conforman, con ese punto de inicio y mis instrucciones, el boceto de la portada sobre el cual trabajar.

Pero todo es distinto cuando ya tienes una idea fija en la mente. Los que me conocéis sabéis que, si de algo estoy sobrado, es de cabezonería. En ese caso, el resto de opciones parecen una chapuza. Aunque no lo sean. Nunca he dudado de la capacidad de la gente dedicada al diseño. De lo que dudo es de que, una vez yo contaminado por una intención meridiana de lo que quiero, otra cosa pueda convencerme de lo contrario.

Más sobre la portada:

En esta ocasión, tenía muy claro que quería centrarme en los bichos. ¡Estamos hablando de novelas de fantasía! ¿Cómo no hacerlo? Podía representarlos en la portada en actitud de lucha, o mostrar su mirada de la que tanto hablo en el texto, o interactuando con alguno de los personajes humanos… Había muchas posibilidades. Pero tenían que ser ellos.

Igual que nunca dudé de que en el tomo anterior tenía que ser la condesa Mandoline Mongaut quien se llevase los honores, en este caso tampoco vacilé. Quería dar protagonismo a las extrañas creaciones animales que mi mente ha parido.

Ahí es cuando, por vez primera, entra el artista en esta historia. Lo primero es encontrarlo. Luego, declaradas estas intenciones, descritos los principales animales que hay en Homeria, solo quedaba que Juan Venegas, el fenómeno que me ha ayudado en esta ocasión (ya lo hizo con la contraportada de «Sin tierra ni patria») se explayase. Que diese rienda suelta su propio geniecillo.

Fueron cuatro los bocetos iniciales. Y cuando vi la versión previa de este, no tuve dudas. En esta portada pueden verse, no solo las principales criaturas con participación en la trama, sino su gesto, sus ojos, sus intenciones… su pensamiento, casi. No importó el detalle de la uniformidad de tamaño de cada uno. Dragones, lobos, buhotrones y perros no son, evidentemente, de igual talla como para que puedan aparecer en la realidad homerina como los muestra esta portada. Pero esa es una licencia que me permití con gusto.

Por cuestiones de dimensiones del libro, no todo podrá apreciarse en el resultado final. Pero el grado de detalle de la ilustración es increíble. El vaho en los laterales, cada pelo, cada diente, cada escama, la expresividad de cada uno, perfectamente acorde con su participación en la historia, los ojos, ¡qué ojos!, son magníficos.

No poseo la experiencia, la formación o el gusto como para poder valorar con fundamentos técnicos en lo que se merece una obra como esta, de eso estoy seguro. Pero esta portada es, en mi humilde opinión, una obra de arte. Algo parecido a lo que pienso de la portada del tomo anterior (obra de Jet Alcaraz), similar en esto pero, al tiempo, completamente distinta.

¿Será por esto que está llevando tanto tiempo? Quizá…

No sé si cuando tenga millones de lectores, compromisos editoriales, fechas qué cumplir en una campaña de promoción (¡Dios! ¿En verdad eso será así?) será otro el ritmo para la salida a la luz de mis libros. Pero ahora, finalizado el manuscrito hace tiempo, los libros de este tal Eduardo Noriega llevan una marcha que se me antoja tan rápida como el crecimiento de las montañas.

Solo queda confiar en que el resultado final merezca la pena. Y que el texto os guste todavía más que esta maravilla que aquí os traigo.

Ya me diréis.

Felices lecturas.

Eduardo Noriega

Eduardo Noriega

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Natural de San Vicente de la Barquera, Cantabria, de las leonesas tierras del Órbigo y de otras partes del mundo por donde he ido dando tumbos…

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