Las batallas en «El Libro Lacre»

En esta historia se narran muchas batallas así que, si quiero hacerlo bien, tengo que pensarlas con cuidado.
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No todas las novelas de fantasía tienen batallas de este estilo, pero tampoco es algo inusual hallar luchas entre unos pocos, o cientos, de soldados como elemento narrativo de relevancia.

Son hitos en los que el relato llega a un punto sin vuelta atrás. Momentos en los que, ineludiblemente, las cosas cambian. Una batalla nunca es algo menor, sea en la vida real o en la ficción. Hay demasiados muertos como para que pueda considerarse anodino o intrascendente. Una batalla cambia gobiernos, finaliza guerras, destroza familias, ocupa territorios o inunda de sangre para la posteridad un día y todos sus aniversarios.

Vino a mi mente la primera batalla casi al inicio, cuando había descrito ya un par de escaramuzas y sabía que, con el crescendo que debía imprimir a la narración iban a aparecer. De una trifulca con salteadores se pasa a una lucha y fuga de una patrulla, luego a una reyerta con más soldados en un desfiladero y después… ¿qué falta? Solo puede ser una gran batalla.

Tenía varias referencias previas, de aquellas que había leído en otras novelas.

Probablemente las que más influyeron en mi modo de describirlas fue la increíble serie «Señores de Roma» de Colleen McCullough. Desde la primera que leí, «El primer hombre de Roma», guardo de ellas el recuerdo de toparme con novelas emocionantes, de esas que te atrapan y no te sueltan, documentadas suficientemente bien para un lector medio como yo y, por supuesto, que describen las muchas batallas que ayudaron a Roma a ser lo que fue. Nunca había leído nada como eso. Reconozco, avergonzado, que me impactaron como a un chiquillo.

Pero, en mi afán tantas veces inútil de no cometer errores de bulto, también me documenté al respecto con otros medios. Tengo algunos librillos, sobre el tema, como «Las grandes batallas de la historia», «Batallas medievales 1000 – 1500» o «Breve historia de la guerra antigua y medieval» que me ayudaron a comprender un poco mejor este violento y fascinante mundo. ¡Incluso de los libros de Astérix obtuve no pocas ideas!

De ellos extraje la impresión de que los generales deciden la estrategia, pero en muchas ocasiones son los elementos naturales o los imprevistos y, sobre todo, la capacidad de adaptación a ellos, lo que termina por sentenciar quién vence o quién resulta derrotado en una batalla.

Más sobre las batallas:

Otro cantar fueron los dibujos… Además de los mapas, imbuido por esos libros de McCullough, decidí bien pronto que la complejidad del desarrollo de estas batallas sería más fácilmente comprensible para el lector con algún esquema. Me hacía falta algo que explicara, a grandes rasgos, los movimientos más relevantes de cada ejército, de sus distintos cuerpos, de los principales protagonistas, a los que tanto tiempo y palabras había dedicado.

De ahí salió la idea de dibujar esquemas como este que hoy os presento, remozado (más que injustamente resumido, yo diría que amputado). Porque, aquello que en «Todos los días muere alguien» es narrado a lo largo de treinta y tres páginas, ha sido condensado en menos de dos minutos en lo que aquí traigo.

Para esos esquemas de las batallas en los libros, utilizo el mismo programa que uso para los mapas, el Campaign Cartographer. Tiene muchas más posibilidades de las que yo domino, como usuario novato y olvidadizo que soy, claro. Pero, pese a ello, pueden obtenerse resultados más que notables.

En ocasiones pienso en lo que podría lograr si dedicara más rato a profundizar en el manejo de este software. O si me pusiera en contacto con algún especialista, como hago con las ilustraciones de las cubiertas. De seguro que merecería la pena.

El caso es que, como resultado del tiempo de no escribiros nada en esta web (mis disculpas para los más acérrimos seguidores de mis historias o para quienes más se ríen de mis desvaríos) y de mi escaso acierto con los regalos navideños, ha nacido esto que hoy os presento. Espero pueda resultaros interesante, divertido o hasta irrisorio. En esa idea, de pasar un rato yo y hacéroslo pasar a vosotros, ha sido creado.

Clica aquí, y podrás verlo.

Feliz visionado.

Eduardo Noriega

Eduardo Noriega

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Natural de San Vicente de la Barquera, Cantabria, de las leonesas tierras del Órbigo y de otras partes del mundo por donde he ido dando tumbos…

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