La Economía

No me gusta la economía. Iba a decir «lo siento», pero sería mentira.
221027 economía

No me gusta la Economía por muchas razones. La primera y más inmediata es su objeto de estudio. Aunque nos digan que va de los recursos, las elecciones humanas y demás pamplinas, es mentira: su verdadero objeto es el dinero. Me gusta tenerlo si puedo, no soy imbécil, pero lo que me agrada menos es la importancia desmedida que tiene en nuestras vidas y las consecuencias que acarrea.

Más razones para odiar la Economía: es una ciencia nueva, inventada, artificial, sacada a relucir cuando se vio que el dinero iba adoptando, poco a poco, el papel que actualmente ha llegado a tener. ¡Qué diferencia con las ciencias de toda la vida, las que existen desde que el mundo humano es cómo es! Medicina, Física, Química, Biología, Matemáticas, Geología… esas sí son ciencias respetables.

Otra: la diferencia entre la Macroeconomía y la Microeconomía es tan enorme como distintos son sus ámbitos de trabajo. Una analiza supuestos movimientos de capital y sus consecuencias en estados, “mercados” o sectores económicos, y la otra reflexiona sobre si uno tiene o no dinero para llegar a fin de mes o pagarse unas vacaciones, por muy sui generis que sean estas definiciones. Una no es sino malvada y la otra es, por desgracia, necesaria.

Sigo: gran parte de lo que asevera la Economía se basa en supuestos, tendencias o evoluciones, que luego afectan, de manera muchas veces catastrófica, a nuestras vidas. «Este año la economía crecerá un X%» dice alguien, y según sea ese X, ya está todo el mundo preocupado, tirándose los trastos a la cabeza o realizando ajustes que pueden acabar con miles de familias (recordemos la tan cacareada hace unos años prima de riesgo)… por algo que ¡no se sabe si pasará!

Continúo: es una ciencia tan tramposa, que llega al límite de inventarse un Premio Nobel que en realidad no existe. Supongo que es una engañifa para darse importancia ante los legos como yo y hacernos pensar que lo que diga es, no solo relevante, sino, además, cierto. El llamado Premio Nobel de Economía tiene en realidad el ampuloso nombre de Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia en Memoria de Alfred Nobel, no fue creado por el inquieto Alfredo, es sufragado por el Banco de Suecia y se entrega desde 1969 en lugar de los originales, que datan de 1901.

Podría seguir, pero no me gusta poner a caldo a la gente y, seguramente, quienes se dedican a esto con toda la buena fe del mundo (y que podrán señalar con conocimiento de causa cuán equivocado estoy en todas estas afirmaciones) no lo merecen.

Más sobre la Economía:

El caso es que, basándose en la Economía, las decisiones que toman los gobiernos o bancos afectan a todos. Para muestra, la última.

Debido a la enorme escalada de precios de los últimos tiempos (habría que preguntarse quiénes la han ocasionado y por qué no son ellos quienes solventan el problema, si acaso fuera posible), escuché que «va a aumentarse el precio del dinero». Una frase tan tramposa como esta (el dinero no tiene precio, por definición; lo que aumenta es el coste que supondrán los préstamos, hipotecas y productos similares), aplicada por los bancos centrales, supuestamente hará bajar los precios.

¿Cuál es el razonamiento? Si se pone más cara la hipoteca, usted, querido lector, obligado a pagarla (¡cómo va a dejarse sin pagar una hipoteca a un banco, por favor!), tendrá menos dinero para comprar sus cosas de todos los días. Por lo tanto, habrá menos demanda. Por lo tanto, para conseguir mantener las ventas, el productor bajará el precio. Y así con todo.

Piénsese en esto un poco. ¿Primeros perjudicados? La cuarta parte (% con tipo variable) de los casi 500.000 peatones que en España tienen que pagar su hipoteca más cara y, así, tienen menos dinero para comprar el pan. Luego, si funciona, y será al cabo de bastante tiempo, la mala fortuna caerá sobre el panadero que, obligado, bajará el precio de su producto para que el pobre asfixiado por la hipoteca pueda permitirse comprarlo.

¿Primer beneficiado? El banco (¡qué raro!) que no me diga usted que se cree que solamente encarecerá la cuota de la hipoteca (léase aumento de interés) lo justo para acometer el incremento del coste surgido al acceder al dinero para poder prestarlo. Seguro que algún pellizquito le cae. Como se dice: «A río revuelto», …no hay banco que pierda.

Y, esa medida, ¿funciona de verdad? Porque si fuera así, al menos tanto sufrimiento habría valido la pena. Aquí es donde regresa a robar protagonismo de nuevo mi amiga la Economía. Ella asegura que sí funciona. Y, como es una ciencia, siempre tiene razón, aunque se base en suposiciones, en este caso del comportamiento de los compradores/vendedores en un contexto tan apretado que cualquier previsión hecha hoy se antoja más aventurada que confiar en la clemencia de una entidad bancaria.

La experiencia de crisis anteriores puede decir otra cosa pero, claro: la Economía no es una ciencia exacta, así que puede equivocarse y no pasa nada. Nadie pide cuentas luego a los augures fallidos. No es sencillo hallar datos sobre esto, pero en todo caso, los escenarios no son nunca iguales por lo que tampoco pueden compararse con certeza dos situaciones. Resumiendo: ni siquiera se sabe seguro si un aumento de los tipos de interés funcionará para bajar los precios y mucho menos cuánto tardará en notarse.

Pero tampoco hay que ponerse pesimista como un reo el día de su ajusticiamiento.

Algo bueno se puede extraer, afortunado lector, si miramos hacia Homeria con detenimiento…

En Homeria, tierra del Libro Lacre, la ciencia de la Economía es más inútil que un cenicero en una moto. En Homeria, cuando hay una guerra y hay carestía, los esfuerzos se encaminan a finalizar la guerra, que es lo importante. En Homeria, los bancos no existen y son solamente unos escasos usureros los que viven de mover el dinero de un lado a otro. En Homeria no han inventado aún conceptos como prima de riesgo, banco central o bolsa de valores (otro concepto tramposo).

En Homeria, en resumen, la Economía nada puede, ergo, la gente vive, no más feliz, pero sí menos engañada por artificios perversos. Ahora, puedes iniciar el conocimiento de ese mundo tan pronto quieras 😊, para lo cual te deseo…

Felices lecturas.

Imagen: pixabay.com

Eduardo Noriega

Eduardo Noriega

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Natural de San Vicente de la Barquera, Cantabria, de las leonesas tierras del Órbigo y de otras partes del mundo por donde he ido dando tumbos…

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