Un mundo sin dioses

La trama de El Libro Lacre transcurre en una tierra en la que las religiones apenas tienen relevancia: en un mundo sin dioses.
un mundo sin dioses

Lo que aparece en el extracto ya lo he contado alguna vez y es un resumen de una cuestión mucho más compleja, claro. Esta idea de una sociedad que prescinde de sus dioses acudió la idea a mí cuando en un noticiario hablaban de una de las guerras de nuestros días y la relacionaban con la religión dominante en aquel lugar del mundo.

Como en nuestro mundo, en Homeria hubo, previas a la época del relato, muchas y sangrientas guerras a lo largo de sus siglos. Algunas, como en nuestro mundo, fueron provocadas por las religiones. Otras muchas, no. Meditando acerca de eso cuando trataba de construir el decorado de la historia, me vino a la cabeza la posibilidad (utópica, lo sé, pero es un libro de ficción, así que pongo lo que me dé la gana) de que, tras una guerra, los contendientes tuvieran el cuajo de sentarse a una mesa y ver lo que les había llevado allí.

¿Alguien se imagina eso en nuestro mundo? Que, por poner un ejemplo, tras la guerra de Vietnam, los americanos, los vietnamitas, los chinos, los soviéticos, los franceses que estaban en sus gérmenes…. todos, todos los que se estuvieron matando, se sentasen a la misma mesa. Y luego, lamentándose sinceramente por las crueldades cometidas por unos y otros, desentrañaran de entre el dolor las causas y trabajaran ¡juntos! para evitar que volviera a suceder. Y de la Guerra Civil ni hablo porque no tengo ganas de discutir, algo que suele suceder cuando esa guerra sale a colación entre el civilizado pueblo español.

Creo que esta es la mayor fantasía de toda mi historia.

El caso es que allí lo hicieron. Y como esa última guerra había sido a causa de las religiones de unos y otros, esas que cada uno se empeña en hacer ver al otro que la suya es la mejor, si no la única, decidieron (nunca he pensado en cuánto tardaron en alcanzar tal acuerdo, pero seguro que no fue cosa de dos días) aparcar a las religiones. De ahí la creación de un mundo sin dioses.

No prohibieron a los dioses. Ni a sus empresas, lo que hoy llamamos religiones. Eso hubiera significado injerir en las creencias y el alma de muchas gentes. Y tal cosa, más aún después de una guerra que desangró casi todo el territorio de Homeria, hubiera provocado otra revuelta. No.

Se les arrebataron a los dioses, o a quienes se consideraban los elegidos por ellos, nada más que sus posesiones (unos Madoz o Mendizábal de la época). Se les cedió a cambio un terreno donde irse a vivir con sus dioses si así lo deseaban. Los verdaderos creyentes, o los de más medios, o los que no tenían nada tras la guerra, lo hicieron. Y entonces, la religión que era mayoritaria se hizo dueña y señora del territorio de Zolroxpao, construyó allí sus templos e instauró sus costumbres, en los que sus dioses eran protagonistas indiscutibles. Aquellos primeros colonos convirtieron una tierra no en un mundo sin dioses, sino en un mundo para los dioses: las Tierras Devotas.

En el mundo con dioses de Zolroxpao sus gentes no carecen de guía, ni de consuelo, ni de sustento, pues la caridad es una de los preceptos más importantes que sostienen. A cambio, su libertad, que existe, no creáis que no, está constreñida por cientos y cientos de normas rígidas e inmutables que hace creer al extraño que los zolroxpasios viven en una cárcel sin barrotes. Sus almas viven y mueren mucho más serenas que las del resto. Quizá más míseras, pero menos atribuladas. Y, cuando la desgracia golpea (eso siempre sucede, con religión o sin ella), el aliento de los dioses siempre está ahí para el que padece.

¿Qué sucedió con el resto de religiones? Esas sí murieron, pero devoradas por una de las suyas y por el abandono de sus fieles que no lo eran tanto a la hora de la verdad. Cuando los homerinos tuvieron que decidirse entre partir de sus tierras y seguir a los religiosos a Zolroxpao o continuar con sus vidas allí donde las tenían, mas sin la presencia omnisciente e omnipresente de los dioses, la gran mayoría abrazó la herejía y se aferró a su vida y sus posesiones.

Solo sobrevivieron algunas, escondidas, refugiadas en la clandestinidad, que fueron adaptando su credo a la corriente principal, en una demostración evidente del adaptarse o morir. Dentro de los ritos oficiales, estos proscritos de la fe insertaron los suyos como el emblema que se resistían a perder, el águila de las legiones romanas que, aun oculto bajo las ropas, nunca podía caer en manos del enemigo. En las últimas páginas de Sin tierra ni patria Córnel y sus amigos pasan por una comuna de unos de estas congregaciones: los Maldecidos.

Más sobre un mundo sin dioses:

¿Y cómo resultó tal increíble suceso para la sociedad homerina? Habrá que esperar al fin de la historia para saberlo del todo, pero por de pronto puedo decir que, como pasa con casi todo, el día a día no cambió demasiado.

Es imposible borrar del mapa a las religiones. Están ahí desde que el Hombre es Hombre. Desde que alguien vio caer el primer rayo, no supo que era, lo temió como se teme a todo lo desconocido y, ante la falta de una explicación mejor (¿dónde estaba la Ciencia, entonces?), se inventó algo. Ese primitivo ideólogo una mitología con seres increíbles, de poderes increíbles, que velaban por los seres humanos o los castigaban según cómo se comportasen. Por eso no hice que en Homeria desapareciesen del todo. Nada más son menos importantes de lo que son para nosotros.

Perviven aún en Homeria sus dioses en celebraciones, refranes y frases hechas, juramentos, oraciones furtivas que no se comparten con nadie, ruinas… Al final, un mundo sin dioses, mi mundo sin dioses, no lo es tanto, si uno quiere ser realista con lo que se cree que en verdad puede suceder, incluso en un mundo de fantasía en el que algo como los dragones pueden estar a la vuelta del camino.

Otro día os hablaré de cada uno de esos dioses que han sobrevivido en una sociedad que les es hostil. Felices lecturas.

Eduardo Noriega

Eduardo Noriega

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Natural de San Vicente de la Barquera, Cantabria, de las leonesas tierras del Órbigo y de otras partes del mundo por donde he ido dando tumbos…

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