Feria del Libro

Andanzas de un escritor barquereño en la Feria del Libro de Madrid, curiosamente, rodeado de libros… y lectores.
Feria del Libro 2021

Tal y como anuncié días atrás, Sin tierra ni patria y su autor pasaron un rato en la Feria del Libro. Me faltaba comentar aquí, donde puedo explayarme un poco más, el resultado. Fue solo media hora allí sentado, pero a mí se me hizo más fugaz todavía. Lo que comenzó como un día apropiadamente nublado (mejor que el calor para deambular entre gente y libros), terminó con un diluvio. Tanta lluvia cayó que parecía que estaba en lo más profundo de mi querido norte, en lugar de en el corazón de Madrid.

De nuevo algún contacto con los lectores. Algo que, aparte de entretenerme escribiendo, es quizá la parte más agradecida de esta vida en la que intento mantenerme a flote. Todavía ninguno me ha dicho que no le gusta nada lo que hago. Quienes me conocen saben que soy poco dado a las lisonjas. Sin embargo, saber que los lectores disfrutan con mi creación produce cierto orgullo de buen profesional al que aún no me acostumbro.

Algo más acerca de la Feria del Libro:

Hasta ahora conocía las ferias de libros como visitante, nada más. Era algo que disfrutaba como un enano, como siempre que me sumerjo en lugares llenos de libros. Me valen librerías, bibliotecas o ferias. Lo de ayer fue un paso más allá, cambiando de rol, estirando el tiempo como si yo fuese Einstein, hablando con la gente más de lo habitual en mí. Lo hice con el personal de la editorial, (Carmela y Francisco, muy amables, que me ayudaron en todo lo que pudieron), con un par de colegas escritores, con gente de otras casetas y con otros trabajadores de la feria. Otra visión y versión de una feria de libros y, aunque sea solo por nueva, excitante y divertida. También me dediqué por un rato a la habitual búsqueda de libros, claro. Ojeé la enorme variedad que allí se exhibía, siempre con menos adquisiciones de las que los vendedores y yo mismo desearíamos.

Dio tiempo a todo en la Feria del Libro. Desde alguna curiosa que me preguntó cómo era posible que un ingeniero escribiese libros “tan gordos”, hasta la consabida firma de algún ejemplar. Las ventas, pocas, para mí fueron lo de menos. Para que los más hipocondríacos queden tranquilos, mencionaré las medidas anti-covid. Había espacio suficiente, controles de aforo, uso generalizado de mascarillas y personal siempre amable indicando por dónde entrar y salir. Consecuencias de la época en que vivimos. Por haber, hubo hasta algún náufrago despistado que se presentó en la caseta ante mí y me preguntó por mí mismo, que si iba a aparecer. Temo que se refería a mi afamado tocayo y paisano. Cuando le dije que yo estaba allí, tan en persona como él mismo, omitiendo a propósito preguntarle a quién buscaba, ni la lluvia habría podido lavarle la sorpresa del rostro. Me miró como yo si fuera el hijo que Alien y Terminator hubieran tenido tras una noche de desenfreno y se marchó, sin saludar siquiera. Cosas de la feria, supongo, de esta Feria del Libro.

La feria del libro más grande de España no se celebra al lado de mi casa, sino en el madrileño Parque del Retiro, tan frondoso como extenso. De modo que, además de una experiencia, tuvo que producirse también un viaje. Y de los viajes siempre se obtiene algo bueno, sobre todo si la compañía es buena también, como era el caso. Pude saludar a viejos amigos de la época laboral que allí pasé y disfruté de esas terrazas madrileñas tan bien montadas. Incluso gocé con algún pequeño homenaje gastronómico. O no tan pequeño: ¡Dios, qué pedazo de hamburguesa! Lejos de casa, al cabo, pero como si estuviera en ella.

El Libro Lacre, está acostumbrado a hollar con su fama nada más que los lejanos caminos de Homeria. Por una vez, se alejó de su ambiente y puso sus pies paginados en otro lugar. No menos fantástico, aunque sea más común a nuestros ojos. Por el vergel del Retiro, entre casetas, árboles, multitudes, terrazas, diluvios y libros, muchos libros, pasearon todos mis personajes. Lo hicieron con la guía tranquila pero bisoña de su autor. Solo espero que ellos lo pasaran al menos tan bien como yo. Y, por supuesto, también todos los curiosos que se apartaron del camino para ver quién era ese Eduardo Noriega y qué había escrito. Aunque lo dudo. Puedo asegurar que pocos disfrutaron del día tanto como yo. Tanto, que me he prometido a mí mismo que no será la última vez que iré a esta Feria del Libro.

Felices lecturas.

Feria del Libro 2021-2
Eduardo Noriega

Eduardo Noriega

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Natural de San Vicente de la Barquera, Cantabria, de las leonesas tierras del Órbigo y de otras partes del mundo por donde he ido dando tumbos…

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