Esta pequeña gran obra ―cuyo título, «El lector del cielo» ha sido uno de los que más sencillos me ha resultado de todos, ya sabéis que es lo último que escribo y que no me resulta fácil―, está disponible en varios puntos de venta, desde la editorial que me ha ayudado con esta aventura, Libros del Futuro, hasta otras librerías más habituales, como Casa del Libro, Fnac o Librotea. Si lo buscáis en la red, seguro que encontráis unas cuantas más para elegir la que más os guste.
Hablando de lo que es esta novela ―sin destriparla, por supuesto―, he de deciros que escribí el manuscrito en un par de semanas, algo que no suele sucederme, como bien sabéis los que conocéis el resto de mi obra, que de breve tiene poco. Con la intención de presentarla a un concurso de novela fantástica, mi reto fue hacerlo con una historia que fuera completamente diferente a mis obras previas. Eso lo logré, sin duda.
Esta historia es fantasía pura, pero sin la épica tardomedieval de «El Libro Lacre». Por lo demás, tiene todos los ingredientes que caracterizan al género: un mundo extraordinario por lo distinto, seres y monstruos inimaginables con capacidades más impensables aún que condicionarán el devenir del relato, heroicidades imprevistas, aventuras que hacen que los protagonistas acaben con la lengua fuera cada capítulo y hasta un final acorde al mito que se crea.
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Por lo demás, al partir de otro mundo cada día más irreal pero que tocamos todos los días con los dedos ―el nuestro―, las reflexiones a las que nos lleva la trama convierten sus 224 páginas un ejercicio de introspección que a todos nos viene muy bien.
Hay una cosa que también profundiza en las diferencias de «El lector del cielo» con mis obras previas: el humor. Sin llegar a remedar a mi admirado Eduardo Mendoza en su maestra ironía y sus personajes sin igual, creo sinceramente que alguno de los pasajes del libro pueden considerarse, sin muchas dudas, como notablemente cómicos. Me atraía la mezcla y no creo que le quede mal al texto en su conjunto.
Aunque, evidentemente, eso solo lo podréis decir vosotros, los lectores.
En todo caso, lo que comenzó como un entretenimiento, continuó con un maravilloso viaje a Varderrobres a la entrega de los premios ―la novela resultó finalista de aquel concurso― y prosiguió con una llamada de los organizadores por si estaba interesado en su publicación, termina ahora con su puesta de largo para que todos lo podáis tener en las manos.
Así, además de mi agradecimiento a la pequeña gran editorial que lo pone a vuestra disposición, solo me resta pediros que si os apetece me hagáis llegar vuestras impresiones del libro a medida que vayáis progresando en los avatares que le acaecen a Manuel, quien da título al libro, y desearos lo de siempre.
Felices lecturas.


